|
 |
PERSONAJES
Enrique IV
La marquesa Matilde Spina
Su hija Frida
El joven marqués Carlos Di Nolli
El barón Tito Belcredi
El doctor Dionisio Genosi.
Cuatro hombres de servicio que se fingirán
oportunamente
consejeros secretos.
Landolfo (Lolo)
Arialdo (Franco)
Ordulfo (Momo)
Bertoldo (Fino)
Paje 1º
Paje 2º
La acción, en una villa solitaria de la campaña
de Umbría. En
nuestros días. |
¿Cómo
expresar en una comedia el terror que nos inspira el
presente?. Pues Luigi Pirandello nos da una lección de buen
teatro, de humor inteligente y de original inventiva, al
plantear con toda su ironía ese enfrentamiento que siempre
nos acecha entre la tranquilidad que brinda el pasado y la
incertidumbre que caracteriza al presente.
En su obra “ Enrique IV”, estrenada en 1922, y que el Centro
Cultural General san Martín afortunadamente ofreció todo
este año con un elenco admirable encabezado por Alfredo
Alcón, Pirandello muestra esta encrucijada en una mezcla
acertadísima de dramatismo e hilaridad.
¿Cómo enfrentar, entonces, este terror del presente, las
heridas que nos va abriendo, las heridas que nos abaten, o
el advertir de pronto, en el mismo instante en que se
comprende que se amará para siempre, la certidumbre de que
ese amor es hueco y sucio?. El protagonista de esta obra
elige refugiarse en la identidad de un emperador del
medioevo alemán que vivió su presente también con
incertidumbre, con penas y derrotas, pero del que ya se
conocen todos los acontecimientos de su vida, las
vicisitudes de sus luchas y, sobre todo, su final, de
tranquilizadora previsibilidad. Final por otra parte que no
fue bello, ni heroico, ni arriesgado, pero tampoco
catastrófico.
Al
encenderse las luces del escenario , el espectador contempla
una sala de un palacio gótico en la que se ven claramente
dos retratos de cuerpo entero: el de Enrique IV y el de su
esposa Inés. Pronto invaden la escena un hombre vestido
según la moda medieval perseguido por otros tantos hombres
con idénticos ropajes. Pero aunque el perseguido continúa
asustado, los perseguidores se detienen para exteriorizar
una ruidosas carcajadas. De inmediato sigue un diálogo en el
que se explica que sólo se trata de una simulación ya que el
dueño de esa mansión, que los ha contratado, cree ser
Enrique IV de Alemania y hay que seguirle la corriente. Más
tarde llegarán al castillo un grupo de aristócratas, amigos
de juventud del dueño de casa, acompañados por un psiquiatra,
con la intención de montar una especie de broma que lo cure
de ese delirio.
En esta obra, su protagonista, casi con la ingenuidad de un
niño y, tal vez, también con su bondad, nos invita a un
juego teatral de personajes detenidos en el tiempo, con sus
edades inmovilizadas (el protagonista cree tener veintiséis
años) en la conveniencia de no abrir más esa espesura
inquietante del devenir de la vida, o para prevenir siquiera
la irrupción malsana de una decepción que nos mate el alma.
Inizio
pagina
La
locura y la cordura, la frivolidad de los afectos, el paso
del tiempo, y la preservación, aun a costa de la reclusión y
el ostracismo, de una inocencia primordial que nos conserve
dignos ante nosotros mismos, son los temas que transitan en
chispeante orden por esta comedia admirablemente construida.
Es imposible no encariñarse con este falso emperador,
enfrentado con un Papa muerto ya hace decenas de siglos, y
que lo atacó con su arma más mortal: la excomunión. Entonces,
si todo su problema consiste en obtener el perdón de un
Papa, el horror de una Europa desollada por la Primera
Guerra Mundial y el derrumbe de todas las certidumbres, se
diluye en la serenidad que le proporciona al protagonista
escuchar el zumbido de la desesperación del presente pero
desde el trono inofensivo y previsible de Enrique IV.
La comedia, sin embargo, reserva algunas sorpresas más, pero
con todo no dejamos de preguntarnos ¿ por qué no tomar
ejemplo y refugiarnos de tanto en tanto en un personaje que
nos divierta o nos defienda de una realidad vidriosa y gris?,¿por
qué no aceptar este juego de encarnar un rol más noble y más
heroico, que nos cure asimismo de esta enfermedad
angustiante y vil como es el hoy y el mañana?.
Este hombre, escondido dentro de una identidad del pasado, y
que convence a los demás de su locura, es el punto crucial
en que coinciden, con precisión de geómetra, lo cómico y lo
trágico. Allí confluyen, por el arte seductor de Pirandello,
la diversión de un carnaval muy antiguo y ese cruel
sentimiento de orfandad que siempre mora en el corazón del
hombre.
Podemos nosotros, personas lógicas y sensatas, interpretar
esta fantasía alucinada como debilidad o falta de coraje, y
podemos incluso considerar al protagonista como un enajenado
o un aristócrata aburrido; pero también se nos ofrece la
oportunidad de comprobar la profundidad y la cualidad de
verdad de los argumentos que desfilan a lo largo de la obra.
Y por sobre todas las cosas, la oportunidad de advertir
cuánto tenemos cada uno de nosotros de este Enrique IV de
cartón, de este emperador pintarrajeado y loco, y cuánto
alivio nos procura su ejemplo.
Marcelo Manuel Benítez.
Inizio pagina